
Lectura: Hebreos 5:11-12
Acabo de ver a mi nieta de 7 meses, como disfruta el ser amamantada por su madre. Es algo hermoso, sin embargo una bebita a esa edad, ya está en condiciones de comer alimentos sólidos, hechos papilla, porque aún no tiene dientes para masticar, pero al fin y al cabo, alimento solido.
Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a usstedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido.- Hebreos 5:11-12
Sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a usstedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido.- Hebreos 5:11-12
Como cristianos disfrutamos ser mimados por nuestros pastores y líderes y los quisiéramos pegados a nuestro lado para siempre. ¡Nos encanta tomar nuestro biberón de leche espiritual y nos rehusamos a salir de nuestra cómoda cuna paternal!
Es cierto que, al igual que un bebé, no podemos pasar de la leche espiritual a un bife chorizo de 500grs., pero más que por ser pequeñitos, nuestro problema está en una sordera espiritual.
Cuando nos rehusamos a escuchar la voz de Dios, nos rehusamos a obedecer lo que Él nos está pidiendo. No podemos ser niños de pecho toda la vida, pretendiendo sólo ser enseñados, sin estar dispuestos a enseñar a nadie. O pensar que la iglesia está para "entendernos", o para pasar la vida opinando según lo que "sentimos", en lugar de disponernos a estudiar la Palabra,y acerptar los desafíos espirituales que se nos presentarán. O vivir permanentemente llenos de temor, porque en lugar de confiar en Dios y de vivir en base a una fe puesta en acción, nos estancamos en nuestras capacidades y por lo que vemos.
Una de las grandes metas, y desafíos, que un líder o padre tiene en la vida, es la de acompañar a sus discípulos o a sus hijos en la madurez de Cristo.
¡Anhelemos un suculento "bife chorizo" espiritual!, "alimento sólido", preparando nuestra mente y corazón para digerirlo, ponerlo por obra y así poder enseñar y acompañar a nuevos "bebés", hasta que lleguen a su propio bife chorizo!




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