Lectura: Salmos 51:8-13
Vuélveme el gozo de Tu salvación. —Salmos 51:12
¿En qué piensas cuando escuchas la palabra fresco? Cuando el clima es agradable, mi esposo y yo disfrutamos yendo al mercado, de los productores agrícolas para poder comprar, productos que fueron cosechados esa misma mañana.
¿En qué piensas cuando escuchas la palabra fresco? Cuando el clima es agradable, mi esposo y yo disfrutamos yendo al mercado, de los productores agrícolas para poder comprar, productos que fueron cosechados esa misma mañana.
Para mí, fresco significa frutas y verduras recién cosechadas —no pasadas o malogradas, sino frescas y llenas de exquisito sabor.
Yo necesito ese tipo de frescura en mi relación con Dios. Yo también tengo demasiadas actitudes pasadas —impaciencia, crítica y egoísmo— y no tengo suficiente «benignidad, bondad, . . . mansedumbre», que son «el fruto del Espíritu» (Gálatas 5:22-23).
Cuando David se arrepintió del pecado en su vida, oró: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio». Luego elevó una petición a Dios: «Vuélveme el gozo de Tu salvación» (Salmos 51;10-12). La confesión y el arrepentimiento de nuestro pecado renuevan nuestra comunión con el Señor y gozosamente nos permite comenzar de nuevo.
¡Qué mejor momento que hoy para pedirle a Dios que te dé un espíritu nuevo, una fe fresca, y una apreciación renovada de Él!
Señor, queremos que el fruto de nuestras vidas siempre esté «vigoroso y verde» (Salmos 92:14). Ayúdanos a experimentar Tu amor, compasión y fidelidad que «nuevas son cada mañana» (Lamentaciones 3:22-23). Amén.
¡Qué mejor momento que hoy para pedirle a Dios que te dé un espíritu nuevo, una fe fresca, y una apreciación renovada de Él!
Señor, queremos que el fruto de nuestras vidas siempre esté «vigoroso y verde» (Salmos 92:14). Ayúdanos a experimentar Tu amor, compasión y fidelidad que «nuevas son cada mañana» (Lamentaciones 3:22-23). Amén.
PARA LLEVAR BUEN FRUTO,
LIMPIA LA MALA HIERBA DEL PECADO
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