24.8.09

¡¡YO ME QUERIA PORTAR BIEN!!

Lectura: Romanos 7: 15 y 18
- "Hija hazme caso", "hija ven para acá", "ya te dije que no hagas eso", etc., son frases de advertencia con las que mi hija corrige a mi nieta, sin embargo ella se sale con la suya, y por supuesto termina con un buen regaño o bien castigada. ¡¡Pero es que yo me quería portar bien!! Llora desconsolada Anafer, tratando de sacar la vuelta al castigo de su mamá.

Muchas veces me siento como mi nieta, una niña de tres años llorando a grito pelado delante de Dios, sintiéndome culpable y tratando de dar explicaciones por algo que de antemano sabía que no debía hacer porque estaba mal, y sin embargo lo hago de todas formas.

Existe un refrán que dice: "El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones". Obviamente no es un texto bíblico, sin embargo se refiere al hecho de que no basta con tener la buena intención para hacer algo, si al final de cuentas no hacemos nada. Prometemos y no cumplimos, muchas palabras y pocas acciones.

¿Cuántas veces Dios nos ha dicho lo que debemos hacer, ya sea por medio de su palabra, en una prédica, a través de nuestros padres u otra forma, y nosotros tenemos la mejor intención para hacerlo, pero lo dilatamos, nos hacemos los locos y finalmente no lo hacemos?

Dios desea que seamos obedientes a lo que nos ha mandado hacer y el tener la "buena intención" de hacerlo NO es sinónimo de obediencia. Obedecemos en el mismo instante en que hacemos lo que se nos ha pedido hacer.

No es fácil, estamos hablando de la ancestral lucha entre la carne y el Espíritu. Nuestra naturaleza nos incita a llevarle la contra a Dios y salirnos con la nuestra.

"No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo." Romanos 7:15 y 18

Parece que no hay remedio, estamos fritos, llenos de "buenas intenciones" para portarnos bien, pero terminamos desobedeciendo y haciendo lo malo. ¿Estamos condenados a vivir en pecado? No, no es así. Dios nos ha dado el poder para obedecerle a través de su Espíritu obrando con poder en y por nosotros.
"¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal? ¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!" Romanos 7: 24-25

Manos a la obra, menos promesas y más acciones: ¿Dar hasta que duela? Sí. ¿Obedecer hasta que duela? ¡También!
Demos gracias a la obra de Cristo y pidamos la guía y ayuda a Dios cada a día y después hagamos lo imposible por ponerlo por obra.

17.8.09

VIVIENDO EN UNA BURBUJA

Lectura: Mateo 25: 42-45

Sentado en un rincón del bus un hombre leía concentrado su libro. La curiosidad me ganó y no quedé tranquila hasta ver el título: "Carácter transformado por el Espíritu Santo". ¡Qué sorpresa!, un hermano, pensé. Él iba absorto en su lectura, devoraba su libro conforme pasaban los minutos.

El reloj marcó la hora "peak". Una señora junto a su bebé en brazos y un par de bolsas subió al bus, repleto de pasajeros. Observé de un lado a otro, nadie se levantó para dar el asiento, miré esperanzada a mi "hermano" anhelando que él lo hiciera... ¡pero aquello nunca ocurrió! Él iba con las narices metidas en su libro y ni siquiera se percató de la necesidad que había a su lado.
Con tristeza y claridad vinieron a mi mente las palabras de Jesús cuando dijo:

"Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: "De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis". (Mateo 25: 42-45)

Al igual que ese hombre del bus, nosotros pasamos muchas horas del día con nuestras narices metidas en nuestros asuntos, absortos del mundo que nos rodea, aunque éste se esté cayendo a pedazos. Vivimos pendientes sólo de nosotros. ¡Yo primero! Mi comodidad, mi éxito, mi cuidado y así la lista suma y sigue.

¿Cuántos de nosotros estamos constantemente con las manos extendidas listas para recibir, y al mismo tiempo empuñadas para dar?
Con demasiada frecuencia el egoísmo se apodera de nuestras vidas y mientras nosotros estemos bien... ¡qué me importan los demás!

Somos buenos para quejarnos y encontrar lo malo en las cosas: -"el mensaje de hoy estuvo malo, no recibí nada", "en la reunión de jóvenes siempre se hace lo mismo", "¿hasta cuando cantan las mismas canciones?", "a mí nadie me llama, ni me visitan", etc.

Perdemos tiempo lamentándonos, cuando en realidad lo que deberíamos hacer es levantar nuestra vista, sacarla de nosotros mismos y ver a nuestro lado la gran cantidad de personas llenas de necesidades que deben ser suplidas, personas que necesitan ser escuchadas, cobijadas, abrazadas...¡personas que necesitan conocera Cristo a través de nosotros!


¿Qué estamos haciendo para que esto suceda?

Comencemos por sacar la nariz de nuestros asuntos, levantemos la vista, salgamos de nuestra burbuja y comencemos a hacer las cosas que Cristo haría con cada uno de sus pequeños.

10.8.09

¿CREADOS PARA QUE?

Lectura: Efesios 2: 10

¿Cuántas veces nos hemos sentido, (o nos sentimos), muy mal, porque tratamos de "encajar" en lugares o realizar cosas que nunca funcionan?

Estoy convencida que no es la voluntad de Dios que andemos por la vida frustrados y sintiéndonos desencajados. Más bien cuando estemos en esta situación, sería sabio someternos a una autoevaluación y dar con la causa de nuestro malestar.

Recuerdo a mi mamá mirarme espantada al verme realizar "tareas domésticas" tales como: abrir algún envase plástico, cortar hilo de coser, o cortar cinta adhesiva o las uñas, o sujetar algunos alfileres, o hasta abrir la tapa de un frasco plástico... ¡¡pero con mis dientes!!

Me regañaba y me decía: - ¡Pero niñita!, ¿cómo se te ocurre hacer eso con tus dientes? ¡Dios te los dio para comer, no como tijeras!...

Tenía mucha razón, si bien los dientes son filosos y pueden llegar a cortar y hacer muchas cosas, los estaba utilizando para hacer cosas para las cuales no fueron hechos. Es una tontería usar nuestros dientes para cosas que no sea comer, las consecuencias pueden ser muy caras.

¿Puedes darte cuenta de la importancia de saber el propósito para el cual fueron hechas las cosas? De la misma forma es vital saber para qué fuimos hechos nosotros. La Biblia nos lo dice clarito:

"Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin deque las pongamos en práctica". Efesios 2:10

Fuimos "hechos a mano", somos creación única de Dios y con un propósito, para cumplir con su diseño. Fuimos "creados en Cristo Jesús para buenas obras". Sin embargo, tal como el uso equivocado de mis dientes, son demasiadas las personas que podemos no estar cumpliendo con el propósito para el cual fuimos creados. Eso, además de traer frustración y malestar, es una lástima. Pero hay esperanza, podemos cambiar las cosas.
Podemos cumplir con el objetivo de Dios al vivir concientes del tremendo regalo que él nos ha dado al permitirnos ser sus hijos. Reconociendo que somos salvos no sólo para beneficiarnos a nosotros mismos, sino siendo agradecidos por este regalo y en respuesta dejemos de pensar tanto en nosotros y busquemos la forma de servir y ayudar a las personas que nos rodean, con amor.

Realmente nos convertimos en todo lo que Dios tiene en mente cuando el seguir a Cristo y hacer las cosas como él las hace se convierte en nuestra prioridad número uno.


USEMOS NUESTRAS VIDAS EN AQUELLO
PARA LO CUAL NOS HIZO DIOS
¡BUENAS OBRAS!

6.8.09

EL IMPUESTO DE ALICIA

Lectura: Marcos 12: 12-17, 41-44
Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. -Timoteo 6: 8

La esposa del autor Calvin Trillin, Alicia, tenía una opinión única del impuesto a la renta. Ella creía que «después de un cierto nivel de ingresos, el gobierno simplemente debía quedárselo todo». Ella pensaba que debía haber un límite en cuanto a la cantidad de dinero que se debía permitir que las personas conservaran para sí. Al escribir en una importante publicación, Trillin dijo de su esposa: «Ella creía en el principio de lo suficiente».

En Marcos 12, Jesús evitó una trampa cuidadosamente puesta al decirles a Sus inquisidores: «Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios» (Marcos 12: 17). Cuando Jesús observó a las personas dando sus ofrendas al tesoro del templo, Él elogió a una mujer que habría sido considerada insensata por su extravagancia. «De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento» (Marcos 12: 43-44).

Jesús le dio más importancia al amor incondicional por Dios que a la preocupación total por las necesidades materiales. Su actitud serena hacia el dinero y las posesiones se basaba en la confianza en que Su Padre proveería para las necesidades de cada día. «Porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad» (Mateo 6:8). Lo suficiente. ¡Qué concepto!

LA SATISFACCION
NO ES OBTENER LO QUE QUEREMOS
SINO ESTAR SATISFECHOS
CON LO QUE TENEMOS

CUANDO TENGAS DUDA

Lectura: Mateo 11: 1-6
¿Eres Tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? -Mateo 11: 3


Juan el Bautista estaba languideciendo en la cárcel y cuestionando su fe. Probablemente se preguntaba: ¿Será Jesús el Mesías? ¿Será Su palabra verdad? ¿Habré creído y trabajado arduamente en vano por mi Maestro? ¿Será este lugar oscuro mi recompensa final por responder al llamado de Dios?

Tal vez haya incontables preguntas que pasen por tu mente también: ¿Será Jesús realmente el Salvador? ¿Habrán sido perdonados mis pecados? ¿Puedo confiar en la Biblia? ¿Resucitaré de entre los muertos? ¿Me espera el cielo más allá? ¿Será que todo lo que creo no es más que una cruel ilusión?

La mayoría de nosotros nos hacemos estas preguntas de vez en cuando. Yo lo hago, especialmente en esos oscuros días cuando las circunstancias traen consigo sufrimiento y amarga decepción, cuando parece que nuestras vidas no van a tener un final de cuento de hadas.

Estos cuestionamientos no son fracasos de nuestra fe sino pruebas a nuestra fe y pueden responderse a la manera de Juan el Bautista: Debemos llevarle nuestras dudas a Jesús. En Su nombre y a Su propia manera llena de sabiduría, Él restaurará la confianza que desean nuestros corazones.

Jesús no abandonó a Juan en su duda. Él le hizo llegar la noticia de los milagros que realizaba y la esperanza que predicaba (Mateo 11:4-6). Tal y como lo dijo George MacDonald en cuanto a la fidelidad de Dios: «Bien podríamos decir que es tan improbable que falle como que una madre se aleje de su hijito que yace gimiendo en la oscuridad».


NUNCA DUDES EN LA OSCURIDAD
LO QUE DIOS TE HA MOSTRADO EN LA LUZ

4.8.09

SU PRESENCIA

Lectura: Isaías 40: 27-31
...pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. -Isaías 40: 31

¿Has sentido alguna vez el corazón cansado? Cansado de las batallas, de las pruebas, de las esperas… ese cansancio que nos paraliza, que nos hace bajar nuestra mirada a lo que tenemos delante… que nos desenfoca de Dios y Su Verdad.

Es cierto que hay momentos en que es difícil seguir firmes en el Señor, que sentimos que ya no tenemos fuerzas para seguir, que hay montañas tan altas…y Satanás va ganando ventaja en nuestra mente… y en nuestro corazón. Pero podemos ser vencedores en medio de nuestras batallas, podemos levantar nuevamente nuestra mirada y tomar aire… y seguir en Él.

Su Presencia es la que nos da el refugio, nos sostiene y alienta. ¿Sabes? Podemos no tener muchas cosas, pero le tenemos a Él. Nada ni nadie puede quitarnos esa maravillosa realidad… ¡¡Le tenemos a Él!! Dios no nos dejará nunca, Él está a nuestro lado y no nos dará más allá de lo que podamos soportar…en Él.

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador;” (Isaías 43:1-3ª )

Su Presencia es la que calma nuestros temores, disipa nuestras dudas, refresca nuestro corazón sediento de respuestas, sana las heridas del alma. Es la que nos da paz satisfaciendo el corazón angustiado cuando decidimos confiar, descansar y esperar en un Dios Soberano. Puede que las tormentas no se calmen a nuestro alrededor, pero El calmará nuestro corazón en medio de ella.

“Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” (Salmos 27:13-14)

Su Presencia en mi vida, en tu vida es la que hace la diferencia. ¡Levanta otra vez tus ojos a Él, anima tu corazón en la espera en Dios, en la espera con Dios! ¡ Qué Su Palabra aliente tu vida y eleve tus pies sobre peña y te lleve a la roca que es más alta que tú!

“Oye, oh Dios, mi clamor; a mi oración atiende. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro bajo la cubierta de tus alas." (Salmos 61:1-4)

MOCHILA EN LA ESPALDA

Lectura: Mateo 11: 28

Javier iba a ir a la reunión de jóvenes ese sábado. Salió de prisa con mochila en la espalda, algo incómodo, porque sabía que la reunión había comenzado. Al llegar trató de pasar desapercibido, la alabanza estaba en su apogeo. Se sentó y observó por unos minutos como el resto del grupo de chicos adoraba. Finalmente se levantó, se unió al grupo y comenzó a adorar con entusiasmo, aplausos, saltos, brazos levantados...
Después partició del resto de las actividades y compartió con sus amigos hasta que terminó la reunión. Todo normal aparentemente, sin embargo hubo algo que llamó profundamente mi atención: ¡¡En ningún momento de la reunión Javier se sacó su pesada mochila!!
Desde lejos lo miré y pesé: ¿Por qué no se la saca? No era una mochila pequeña, al contrario era grande y pesada. Era ilógico, estuvo durante toda una tarde con aquel peso sobre su espalda, restándole agilidad y libertada, hubiese sido tan fácil quedar libre para disfrutar de todo si tan solo la hubiera dejado a un lado...

Fue inevitable comparar lo que Javier hizo aquel día con lo que muchos de nosotros hacemos a diario, cargando pesos de pecado, culpa, resentimiento, temor o muchas cosas por el estilo. Jesús fue muy claro al respecto cuando nos dijo que no quería que viviéramos cargando con "mochilas pesadas" por la vida. Él quiere que seamos libre de todo peso que nos estorbe y complique la existencia, por eso dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo los haré descansar" (Mateo 11: 28)


¿Qué es lo que sucede entonces con nosotros? ¿Cuántas veces nos acercamos a Dios, pidiéndole que nos ayude a "descansar" de todos nuestros problemas? Sin embargo no somos capaces de "hacer a un lado" y soltar la carga. Seguimos con nuestra rutina diaria, con el mismo peso en la "espalda", pretendiendo que no pasa nada y tratando de participar de todas las actividades.
Dios quiere darnos descanso y ¿Qué es "descanso"? El diccionario lo define como: "Cesar en el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud; tener alivio o consuelo comunicando a un amigo las penalidades; estar tranquilo y sin cuidado en la confianza del favor de alguien". ¡Ese alguien es Jesús!
Descansar es un hábito, que debemos ejercitar. Nuestro desafío es aprender a entregar aquello que inquieta nuestra cabeza y corazón en las manos de Dios. No es fácil ni mágico, es algo que parte por la decisión de soltar y hacer a un lado el peso que traemos en la espalda, confiando en lo que Dios hará.