
Lectura: Proverbios 15: 13-30



Lectura: Nahum 2:1
Años atrás, rentamos una casa que estuvo desocupada por meses y su jardín dejaba mucho que desear.
Nuestro jardinero tuvo que trabajar más de lo normal para dejarlo en óptimas condiciones. Yo decidí "echarle una mano" y al hacerlo me topé con dos indeseables "inquilinos".
- El primero fue una enredadera de hermosa apariencia, tallo delgado, hojas en forma de corazón y su flor es como una campanita de color morado.
- El segundo fue un ejército de caracoles que tenían instalada a sus "tropas" en cada árbol y arbusto de nuestro jardín, ¡una verdadera plaga!
Ambos inquilinos tenían una apariencia tierna e inofensiva, pero no lo eran. La enredadera era una maleza invasiva que crece enrollándose en todo lo que se cruza en su camino, enroscándose en los tallos o troncos de otras plantas, apretándolas y viviendo a expensas de ellas. Al ser su tallo tan delgado, cuando uno quiere sacarla, se corta.
Los caracoles, lejos de ser tiernos animalitos de cuento, se estaban comiendo las hojas más verdes, perforándolas como queso suizo y se comían todos los brotes.
Frente a esta situación vinieron a mi mente dos ilustraciones que se presentan en nuestra vida.
La enredadera es como el pecado... Comenzamos a crecer sanos y fuertes, disfrutando la nueva vida que Cristo nos da. De a poco aparecen pensamientos de apariencia inofensiva y atractiva que nos seduce y van enredando nuestra mente y terminan atrapándonos... Pero como se ven tan "delgaditos" e inofensivos, los vamos dejando pasar, creyendo que no nos harán daño o que en cualquier momento los cortamos y listo, se van. Sin embargo ellos siguen creciendo, y terminan haciéndonos tropezar y caer.
¿Y los caracoles?, son como nuestra desobediencia a Dios. Conociendo lo que le agrada y lo que no a Dios, nos ponemos "babosos" por atrayentes mentiras y lentamente le damos la pasada a nuestra voluntad, (nuestra carne), y hacemos oídos sordos a la voz de Dios... terminando con heridas profundas, verdaderos "hoyos" en nuestro corazón.
En ocasiones pecamos de ingenuos, creyendo que el dejar pasar por alto o al ignorar nuestros pecados (malezas y caracoles), nos libraremos de meternos en graves problemas, sin sufrir ningún tipo de consecuencia. Nuestro enemigo, el peor de todas las "plagas", conoce nuestras debilidades y está listo para atacarnos y destruirnos.
Señor ayúdanos a mantener el jardín de nuestro corazón libre de malezas y bichos que nos carcoman... para que Tú te deleites en él. Danos sabiduría e inteligencia para cortar de raíz el pecado y agiliza nuestros lentos pies para correr a comer las hojas de tu Palabra, que ésta sea nuestro alimento favorito, la disfrutemos, la saboreemos y la obedezcamos.

Lectura: Salmo 32:8
"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos" Salmos 32:8.
Me pregunto si ese será el Salmo del cual se aferran esos intrépidos choferes que salen en un programa de TV llamado "Camioneros del hielo". Ellos se dedican a manejar unos camiones/trailers gigantescos, pero no van por cualquier carretera, lo hacen sobre pistas de hielo. Las rutas que transitan son temporales ya que sólo pueden ser usadas en los meses de frío, cuando las temperaturas son tan bajas que congelan los mares, lagos o ríos, y se convierten en territorio transitable. Es un trabajo muy peligroso, ellos incluso arriesgan sus vidas, pero eso no los hace desistir, lo hacen confiados y con una sonrisa de oreja a oreja, ya que la recompensa que les espera es cuantiosa ($).
En nuestra vida sucede algo similar, las cosas y circunstancias cambian, no son permanentes y para colmo las condiciones "ambientales" muchas veces no son las ideales. Algunas veces nos vemos transitando por caminos conocidos, pero muchas otras por otros que nos son desconocidos, con poca visibilidad y nos aterramos tratando de imaginar a dónde nos llevarán.
Qué alivio tan grande es para los que hemos creído en el Hijo de Dios, saber que Jesús es el camino al Padre, que en él podemos descansar y confiar, porque estará siempre a nuestro lado para enseñarnos por dónde caminar. Por eso nos dio su Palabra, que no cambia y permanece para siempre. (1ª Pe.1:25)
Qué importante volvernos a su Palabra, conocerla, meditarla, y creerla. Debemos apropiarnos de ella y ponerla en práctica, aprendiendo a vivir caminando firmes sobre cada una de sus promesas, ya sea que estemos transitando por una hermosa y tranquila primavera o por el más crudo y frío de los inviernos.
"porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios". 2ª Cor. 1:20
Señor hoy elegimos creer que las circunstancias que nos rodean por complicadas que se vean, son momentáneas y que no durarán para siempre. Hoy elegimos hacer a un lado el temor, la duda, y toda ansiedad para transitar por la vida guiados por los ojos de la fe, sabiendo que al final del camino encontraremos el cumplimiento de tus promesas. Amén
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