4.8.09

MOCHILA EN LA ESPALDA

Lectura: Mateo 11: 28

Javier iba a ir a la reunión de jóvenes ese sábado. Salió de prisa con mochila en la espalda, algo incómodo, porque sabía que la reunión había comenzado. Al llegar trató de pasar desapercibido, la alabanza estaba en su apogeo. Se sentó y observó por unos minutos como el resto del grupo de chicos adoraba. Finalmente se levantó, se unió al grupo y comenzó a adorar con entusiasmo, aplausos, saltos, brazos levantados...
Después partició del resto de las actividades y compartió con sus amigos hasta que terminó la reunión. Todo normal aparentemente, sin embargo hubo algo que llamó profundamente mi atención: ¡¡En ningún momento de la reunión Javier se sacó su pesada mochila!!
Desde lejos lo miré y pesé: ¿Por qué no se la saca? No era una mochila pequeña, al contrario era grande y pesada. Era ilógico, estuvo durante toda una tarde con aquel peso sobre su espalda, restándole agilidad y libertada, hubiese sido tan fácil quedar libre para disfrutar de todo si tan solo la hubiera dejado a un lado...

Fue inevitable comparar lo que Javier hizo aquel día con lo que muchos de nosotros hacemos a diario, cargando pesos de pecado, culpa, resentimiento, temor o muchas cosas por el estilo. Jesús fue muy claro al respecto cuando nos dijo que no quería que viviéramos cargando con "mochilas pesadas" por la vida. Él quiere que seamos libre de todo peso que nos estorbe y complique la existencia, por eso dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo los haré descansar" (Mateo 11: 28)


¿Qué es lo que sucede entonces con nosotros? ¿Cuántas veces nos acercamos a Dios, pidiéndole que nos ayude a "descansar" de todos nuestros problemas? Sin embargo no somos capaces de "hacer a un lado" y soltar la carga. Seguimos con nuestra rutina diaria, con el mismo peso en la "espalda", pretendiendo que no pasa nada y tratando de participar de todas las actividades.
Dios quiere darnos descanso y ¿Qué es "descanso"? El diccionario lo define como: "Cesar en el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud; tener alivio o consuelo comunicando a un amigo las penalidades; estar tranquilo y sin cuidado en la confianza del favor de alguien". ¡Ese alguien es Jesús!
Descansar es un hábito, que debemos ejercitar. Nuestro desafío es aprender a entregar aquello que inquieta nuestra cabeza y corazón en las manos de Dios. No es fácil ni mágico, es algo que parte por la decisión de soltar y hacer a un lado el peso que traemos en la espalda, confiando en lo que Dios hará.

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