
Lectura: 2º Corintios 5: 21
¿Recuedas si tus padres tuvieron que llamarte la atención por algo que hacías mal? En ocasiones nuestra terquedad era tal, que a pesar de las advertencias, volvíamos a hacer lo incorrecto, hasta que colmábamos su paciencia, los hacíamos enojar y terminábamos castigados.
Si Dios tuviera que tratarnos y recompensarnos por lo que hacemos a diario, francamente viviríamos en permanente castigo. Lo cierto es que por más ganas que le ponemos, de una u otra forma, consciente o inconscientemente terminamos haciendo lo que sabemos que está mal.
A diferencia de nuestros padres, a pesar de su enojo y del castigo que realmente merecemos, Dios sobrepone su enojo con su inmenso amor por nosotros, expresado en la persona de Jesucristo.
No mereciendo nada, mas que un buen castigo de parte de nuestro Papá celestial, hoy gracias a Jesús, somos atraídos y reconciliados con Dios.
"Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". -2º Corintios 5: 21
Mereciendo el castigo, somos hecho justos, ¡Cuánto nos cuesta creer esto! No lo entendemos, no es lo que se acostumbra, no es "lógico". En el mundo, en los negocios se intercambia algo de cierto valor por otra cosa del mismo valor o equivalente... ¿Y qué es lo que hace Dios? Él rompe todos nuestros esquemas, es como si viéramos un anuncio que dice:
Nada, absolutamente nada, no hay nada que podamos tratar de hacer o dar a cambio de lo que Jesús hizo por nosotros, a través de su muerte en la cruz y su resurrección. Él, que nunca pecó, tuvo que cargar con toda la culpa de nuestros pecados y recibir el castigo por ellos.
¡Qué regalo tan espectacular es que la gracia de Dios sea siempre mayor que nuestro pecado! ¡Somos libres del castigo que merecíamos!
¿Recuedas si tus padres tuvieron que llamarte la atención por algo que hacías mal? En ocasiones nuestra terquedad era tal, que a pesar de las advertencias, volvíamos a hacer lo incorrecto, hasta que colmábamos su paciencia, los hacíamos enojar y terminábamos castigados.
Si Dios tuviera que tratarnos y recompensarnos por lo que hacemos a diario, francamente viviríamos en permanente castigo. Lo cierto es que por más ganas que le ponemos, de una u otra forma, consciente o inconscientemente terminamos haciendo lo que sabemos que está mal.
A diferencia de nuestros padres, a pesar de su enojo y del castigo que realmente merecemos, Dios sobrepone su enojo con su inmenso amor por nosotros, expresado en la persona de Jesucristo.
No mereciendo nada, mas que un buen castigo de parte de nuestro Papá celestial, hoy gracias a Jesús, somos atraídos y reconciliados con Dios.
"Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". -2º Corintios 5: 21
Mereciendo el castigo, somos hecho justos, ¡Cuánto nos cuesta creer esto! No lo entendemos, no es lo que se acostumbra, no es "lógico". En el mundo, en los negocios se intercambia algo de cierto valor por otra cosa del mismo valor o equivalente... ¿Y qué es lo que hace Dios? Él rompe todos nuestros esquemas, es como si viéramos un anuncio que dice:
"Permuto espectacular Ferrari 599 GTB Fiorano Coupe del año, color rojo, 2 pasajeros, asientos de piel, aire acondicionado, vidrios y seguros eléctricos, radio AM/FM, CD, antena, etc a cambio de ¡¡Nada!!"
Nada, absolutamente nada, no hay nada que podamos tratar de hacer o dar a cambio de lo que Jesús hizo por nosotros, a través de su muerte en la cruz y su resurrección. Él, que nunca pecó, tuvo que cargar con toda la culpa de nuestros pecados y recibir el castigo por ellos.
¡Qué regalo tan espectacular es que la gracia de Dios sea siempre mayor que nuestro pecado! ¡Somos libres del castigo que merecíamos!
QUE TODO LO QUE HAGAMOS EN LA VIDA
REFLEJE LA GRATITUD QUE TENEMOS
POR SU MARAVILLOSO AMOR
REFLEJE LA GRATITUD QUE TENEMOS
POR SU MARAVILLOSO AMOR




No hay comentarios.:
Publicar un comentario