
Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores. -Santiago 1:22
Cuando Megan estaba en el tercer año en la escuela, seguía volviendo a casa sin sus guantes para el invierno. Esto volvía loca a su mamá, quien constantemente tenía que comprarle guantes nuevos, algo que la familia no podía darse el lujo de hacer. Un día, la mamá se enfadó y le dijo, «Megan, tienes que ser más responsable. ¡Esto no puede ser así!»
Megan comenzó a llorar. En medio de su llanto, le dijo a su mamá que mientras ella pudiera seguir recibiendo guantes nuevos, podría regalar los que tenía a otros niños que no tenían guantes.
Ahora, a los 18 años, entre los pasatiempos de Megan se incluyen el ser voluntaria en la comunidad y mentora para niños de las zonas urbanas deprimidas. Al referirse a su deseo de ayudar a las personas, ella dijo que «sentí que ese era el tipo de cosas que se supone que yo debería estar haciendo».
Como cristianos, nosotros también debemos tener un corazón generoso. Santiago nos dice que escuchemos la Palabra y que hagamos lo que ésta dice (1:22-23).
Pero él no se detiene con tan sólo decirnos que obedezcamos. Nos da instrucciones específicas acerca de lo que debemos hacer. Luego nos da una manera práctica en la que podemos dar de nosotros mismos: «Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones » ( v.27).
Pídele a Dios que te dé un corazón como el de Megan. Por amor a Dios, obedece lo que Él te dice que hagas. Es lo que «se supone que debemos estar haciendo».
PUEDES DAR SIN AMAR
PERO NO PUEDES AMAR SIN DAR




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