Lectura: Nahum 2:1
Años atrás, rentamos una casa que estuvo desocupada por meses y su jardín dejaba mucho que desear.
Nuestro jardinero tuvo que trabajar más de lo normal para dejarlo en óptimas condiciones. Yo decidí "echarle una mano" y al hacerlo me topé con dos indeseables "inquilinos".
- El primero fue una enredadera de hermosa apariencia, tallo delgado, hojas en forma de corazón y su flor es como una campanita de color morado.
- El segundo fue un ejército de caracoles que tenían instalada a sus "tropas" en cada árbol y arbusto de nuestro jardín, ¡una verdadera plaga!
Ambos inquilinos tenían una apariencia tierna e inofensiva, pero no lo eran. La enredadera era una maleza invasiva que crece enrollándose en todo lo que se cruza en su camino, enroscándose en los tallos o troncos de otras plantas, apretándolas y viviendo a expensas de ellas. Al ser su tallo tan delgado, cuando uno quiere sacarla, se corta.
Los caracoles, lejos de ser tiernos animalitos de cuento, se estaban comiendo las hojas más verdes, perforándolas como queso suizo y se comían todos los brotes.
Frente a esta situación vinieron a mi mente dos ilustraciones que se presentan en nuestra vida.
La enredadera es como el pecado... Comenzamos a crecer sanos y fuertes, disfrutando la nueva vida que Cristo nos da. De a poco aparecen pensamientos de apariencia inofensiva y atractiva que nos seduce y van enredando nuestra mente y terminan atrapándonos... Pero como se ven tan "delgaditos" e inofensivos, los vamos dejando pasar, creyendo que no nos harán daño o que en cualquier momento los cortamos y listo, se van. Sin embargo ellos siguen creciendo, y terminan haciéndonos tropezar y caer.
¿Y los caracoles?, son como nuestra desobediencia a Dios. Conociendo lo que le agrada y lo que no a Dios, nos ponemos "babosos" por atrayentes mentiras y lentamente le damos la pasada a nuestra voluntad, (nuestra carne), y hacemos oídos sordos a la voz de Dios... terminando con heridas profundas, verdaderos "hoyos" en nuestro corazón.
En ocasiones pecamos de ingenuos, creyendo que el dejar pasar por alto o al ignorar nuestros pecados (malezas y caracoles), nos libraremos de meternos en graves problemas, sin sufrir ningún tipo de consecuencia. Nuestro enemigo, el peor de todas las "plagas", conoce nuestras debilidades y está listo para atacarnos y destruirnos.
Señor ayúdanos a mantener el jardín de nuestro corazón libre de malezas y bichos que nos carcoman... para que Tú te deleites en él. Danos sabiduría e inteligencia para cortar de raíz el pecado y agiliza nuestros lentos pies para correr a comer las hojas de tu Palabra, que ésta sea nuestro alimento favorito, la disfrutemos, la saboreemos y la obedezcamos.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario