Lectura: 2° Corintios 5: 21
El amor de Dios es inmensamente grande, difícilmente podemos entenderlo en su totalidad. Esta historia trata, de alguna forma, de explicarlo.
Había un chico que le gustaba hacer las cosas "a su manera". A pesar de las reiteradas llamadas de atención de sus padres por no cumplir con las reglas de la casa, él seguía desobedeciendo. Su papá ya le había advertido que debía ser puntual, salir del colegio e ir derecho a su casa, y llegar a la hora para cenar con sus padres. Pero como no lo hacía su papá le advirtió que la próxima vez que llegara atrasado sería castigado.
Al día siguiente, el chico volvió a llegar tarde a su casa. Cuando llegó la hora de cenar, se sentó en la mesa, miró su plato y vio solo un pedazo de pan y un vaso de agua. Después, miró los platos de sus papás y se asombró porque ellos tenían una exquisita comida y en lugar de agua, tenían un vaso lleno de leche. El chico quedó impactado.
Después de dar las gracias por los alimentos, su papá, sin decirle ni una sola palabra por su mal comportamiento, tomó el plato y el vaso de su hijo y en su lugar le entregó su rico plato de comida caliente y su vaso de leche. Acto seguido, comenzó a comerse el pedazo de pan, volvió a mirar a su hijo y le sonrió.
No fue sino hasta que aquel chico se convirtió en un hombre, que comprendió lo que su papá hizo con él. ¡es lo que Dios Padre hizo exactamente con cada uno de nosotros!
Que ejemplo tan sencillo, pero clarificador, para poder entender de alguna forma el amor de Dios por nosotros. El papá de la historia, no había hecho nada malo, al contrario, pero por amor, tomó sobre sí el castigo que le correspondía a su hijo.
En todas partes vemos como se hacen negocios, hay dos partes intercambiando bienes de un valor equivalente o casi iguales ¿no es cierto?, pero el amor de Dios por nosotros va mucho más allá. A través de la muerte de Jesús en la cruz y su resurrección, aquel que nunca pecó, ¡cargó sobre sí con la culpa y el castigo de nuestros pecados! Dios cambió su "plato" de justicia, por mi "plato" de pecados, para justificarme y hacerme libre.
¡Gracias Dios por tu amor, gracias Jesús por el precio que pagaste por nosotros!
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