
Lectura: 1º Pedro 4: 10
"Pásame la sal, acércame la tabla de picar, saca dos cebollas y el cilantro y me los lavas..."
Tareas tan sencillas como éstas, dadas por mi madre, fueron el comienzo de lo que años más tarde me permitieron llegar a cocinar. No me agradaba la idea de ser "la niña de los mandados", una simple aprendiz de cocina, yo quería cocinar, pero para llegar a hacerlo hubo que pasar por todo un proceso de parendizaje, que mi mamá, con paciencia me fue entregado, hasta que un día pude hacerlo sola.
En el ministerio quisiéramos contar con líderes que nos ayuden, personas con experiencia y que compartan nuestra visión. Pero la cosa no funciona así, sobre todo cuando estamos comenzando. Muchas veces ponemos los ojos y tenemos expectaivas en ciertas personas que aparentemente califican.
A otros no les vemos "dedos para el piano". Sin embargo no será sino hasta el momento en que les invitemos a poner en práctica sus talentos y dones, (aunque eso signifique que deban comenzar por realizar tareas tan sencillas como lavar "dos cebollas y el cilantro"), que no descubriremos para qué tarea fueron hechos y en qué lugar podrán servir.
Uno de los privilegios más hermosos que tenemos como líderes, y por cierto una estratégia motivacional indispensable en todo trabajo en equipo, es animar a las personas a poner en práctica sus talentos y dones.
"Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas" - 1º Pedro 4: 10
Es increible la cantidad de personas que no tienen idea de cuáles son sus dones, y mucha veces viven sintiéndose inútiles e inferiores. En un comienzo puede que se equivoquen, que no lo hagan bien, pero para eso estamos, para enseñarles, corregirles y motivarles a continuar y tratar de nuevo, hasta lograr que nuestros "apredices" terminen "cocinando" y ojala que lo hagan mejor que nosotros.
El ministerio conlleva muchas tareas y solos no las podemos realizar. Necesitamos de los talentos y dones de otros para complementarnos y juntos realizar la tarea con éxito, para beneficio de muchos.
En el ministerio quisiéramos contar con líderes que nos ayuden, personas con experiencia y que compartan nuestra visión. Pero la cosa no funciona así, sobre todo cuando estamos comenzando. Muchas veces ponemos los ojos y tenemos expectaivas en ciertas personas que aparentemente califican.
A otros no les vemos "dedos para el piano". Sin embargo no será sino hasta el momento en que les invitemos a poner en práctica sus talentos y dones, (aunque eso signifique que deban comenzar por realizar tareas tan sencillas como lavar "dos cebollas y el cilantro"), que no descubriremos para qué tarea fueron hechos y en qué lugar podrán servir.
Uno de los privilegios más hermosos que tenemos como líderes, y por cierto una estratégia motivacional indispensable en todo trabajo en equipo, es animar a las personas a poner en práctica sus talentos y dones.
"Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas" - 1º Pedro 4: 10
Es increible la cantidad de personas que no tienen idea de cuáles son sus dones, y mucha veces viven sintiéndose inútiles e inferiores. En un comienzo puede que se equivoquen, que no lo hagan bien, pero para eso estamos, para enseñarles, corregirles y motivarles a continuar y tratar de nuevo, hasta lograr que nuestros "apredices" terminen "cocinando" y ojala que lo hagan mejor que nosotros.
El ministerio conlleva muchas tareas y solos no las podemos realizar. Necesitamos de los talentos y dones de otros para complementarnos y juntos realizar la tarea con éxito, para beneficio de muchos.




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