17.8.09

VIVIENDO EN UNA BURBUJA

Lectura: Mateo 25: 42-45

Sentado en un rincón del bus un hombre leía concentrado su libro. La curiosidad me ganó y no quedé tranquila hasta ver el título: "Carácter transformado por el Espíritu Santo". ¡Qué sorpresa!, un hermano, pensé. Él iba absorto en su lectura, devoraba su libro conforme pasaban los minutos.

El reloj marcó la hora "peak". Una señora junto a su bebé en brazos y un par de bolsas subió al bus, repleto de pasajeros. Observé de un lado a otro, nadie se levantó para dar el asiento, miré esperanzada a mi "hermano" anhelando que él lo hiciera... ¡pero aquello nunca ocurrió! Él iba con las narices metidas en su libro y ni siquiera se percató de la necesidad que había a su lado.
Con tristeza y claridad vinieron a mi mente las palabras de Jesús cuando dijo:

"Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: "De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis". (Mateo 25: 42-45)

Al igual que ese hombre del bus, nosotros pasamos muchas horas del día con nuestras narices metidas en nuestros asuntos, absortos del mundo que nos rodea, aunque éste se esté cayendo a pedazos. Vivimos pendientes sólo de nosotros. ¡Yo primero! Mi comodidad, mi éxito, mi cuidado y así la lista suma y sigue.

¿Cuántos de nosotros estamos constantemente con las manos extendidas listas para recibir, y al mismo tiempo empuñadas para dar?
Con demasiada frecuencia el egoísmo se apodera de nuestras vidas y mientras nosotros estemos bien... ¡qué me importan los demás!

Somos buenos para quejarnos y encontrar lo malo en las cosas: -"el mensaje de hoy estuvo malo, no recibí nada", "en la reunión de jóvenes siempre se hace lo mismo", "¿hasta cuando cantan las mismas canciones?", "a mí nadie me llama, ni me visitan", etc.

Perdemos tiempo lamentándonos, cuando en realidad lo que deberíamos hacer es levantar nuestra vista, sacarla de nosotros mismos y ver a nuestro lado la gran cantidad de personas llenas de necesidades que deben ser suplidas, personas que necesitan ser escuchadas, cobijadas, abrazadas...¡personas que necesitan conocera Cristo a través de nosotros!


¿Qué estamos haciendo para que esto suceda?

Comencemos por sacar la nariz de nuestros asuntos, levantemos la vista, salgamos de nuestra burbuja y comencemos a hacer las cosas que Cristo haría con cada uno de sus pequeños.

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