Lectura: Genesis 17: 7
Se cuenta la historia de una familia muy pobre que poseía un campo, una tierra árida y arenosa en una apartada región de Africa. Los hijos de aquellos hombres no tenían un centavo para comprar juguetes y cuando jugaban a las "bolitas" (canicas), lo hacían con piedritas que sacaban del río.
Un día pasaron por aquel lugar unos viajeros, a lo lejos vieron a los niños y fueron a pedirles agua. A uno de los viajeros le llamó la atención las "bolitas" con que jugaban los chicos y les preguntó si tenían más, a lo que ellos respondieron que sí.
Los viajeron fueron con el padre de los niños y le ofrecieron comprar su campo. El hombre sin dudarlo les pidió $50.000 dólares, pensando hacer el negocio de la vida y lo vendió.
Hoy en día esos terrenos son conocidos como las Minas de Kimberly, ¡¡Las minas de donde se extraen los diamanates más valiosos del mundo!!
Esta anécdota , que escuché años atrás, vino a mi mente el día de hoy, una vez terminada la celebración del cumpleaños Nº 3 de nuestra nieta. Un día de fiesta, globos, dulces y muchos regalos, donde Ana Fer disfrutó junto a sus amiguitos, padres y abuelos.
Verla disfrutar con una coronita de "brillantes" sobre su cabeza, sus ojitos llenos de luz y una sonrisa de oreja a oreja, son motivos suficiente para recordar la fidelidad de Dios al cumplir una de las promesas que Él nos hizo a mi esposo y a mí.
"Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios, y el Dios de tus descendientes". -Genesis 17: 7
Es maravilloso tenre un Dios que nos ha hecho cientos de promesas, y no solo eso, sino que las cumple, "porque todas las promesas que ha hecho Dios son "si" en Cristo". - 2º Corintios 1:20
Si tuviéramos que ponerle precio a cada promesa, ni siquiera todo el oro del mundo, ni las minas de diamantes de Kimberly podrían comparárseles. Sin embargo en ocasiones jugamos con las promesas de Dios como si fueran "bolitas", desconocemos totalmente su valor y las tratamos com cualquier cosa.
Las bendiciones de Dios dan un "valor agregado" a nuestra vida, y sobrepasan cualquier expectativa que tengamos de ellas y siempre redundan en bendición sobre bendición, ¡pero es necesario que aprendamos a creer en ellas y a distinguirlas!... No vaya a ser que terminemos cambiándolas por un plato de lentejas...
Se cuenta la historia de una familia muy pobre que poseía un campo, una tierra árida y arenosa en una apartada región de Africa. Los hijos de aquellos hombres no tenían un centavo para comprar juguetes y cuando jugaban a las "bolitas" (canicas), lo hacían con piedritas que sacaban del río.
Un día pasaron por aquel lugar unos viajeros, a lo lejos vieron a los niños y fueron a pedirles agua. A uno de los viajeros le llamó la atención las "bolitas" con que jugaban los chicos y les preguntó si tenían más, a lo que ellos respondieron que sí.
Los viajeron fueron con el padre de los niños y le ofrecieron comprar su campo. El hombre sin dudarlo les pidió $50.000 dólares, pensando hacer el negocio de la vida y lo vendió.
Hoy en día esos terrenos son conocidos como las Minas de Kimberly, ¡¡Las minas de donde se extraen los diamanates más valiosos del mundo!!
Esta anécdota , que escuché años atrás, vino a mi mente el día de hoy, una vez terminada la celebración del cumpleaños Nº 3 de nuestra nieta. Un día de fiesta, globos, dulces y muchos regalos, donde Ana Fer disfrutó junto a sus amiguitos, padres y abuelos.
Verla disfrutar con una coronita de "brillantes" sobre su cabeza, sus ojitos llenos de luz y una sonrisa de oreja a oreja, son motivos suficiente para recordar la fidelidad de Dios al cumplir una de las promesas que Él nos hizo a mi esposo y a mí.
"Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios, y el Dios de tus descendientes". -Genesis 17: 7
Es maravilloso tenre un Dios que nos ha hecho cientos de promesas, y no solo eso, sino que las cumple, "porque todas las promesas que ha hecho Dios son "si" en Cristo". - 2º Corintios 1:20
Si tuviéramos que ponerle precio a cada promesa, ni siquiera todo el oro del mundo, ni las minas de diamantes de Kimberly podrían comparárseles. Sin embargo en ocasiones jugamos con las promesas de Dios como si fueran "bolitas", desconocemos totalmente su valor y las tratamos com cualquier cosa.
Las bendiciones de Dios dan un "valor agregado" a nuestra vida, y sobrepasan cualquier expectativa que tengamos de ellas y siempre redundan en bendición sobre bendición, ¡pero es necesario que aprendamos a creer en ellas y a distinguirlas!... No vaya a ser que terminemos cambiándolas por un plato de lentejas...




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