Lectura: Mateo 11:7-19
No se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. —Mateo 11:11
Si alguna vez te han pedido que digas algunas palabras en algún servicio en memoria de algún fallecido, sabes lo difícil y, sin embargo, también lo muy importante que esto puede ser. Cyrus M. Copeland, compilador de dos libros de tributos a personas famosas, dijo: «Un gran epitafio es tanto arte como arquitectura —un puente entre los vivos y los muertos, entre la memoria y la eternidad».
La Biblia contiene muy poco que se corresponda con nuestro elogio moderno. Sin embargo, Jesús pagó un gran tributo a Juan el Bautista cuando éste enfrentó la inminente amenaza de su ejecución por parte de Herodes. Desde la cárcel, Juan envió a sus discípulos para confirmar la identidad de Jesús el Mesías (Mateo. 11:2-6). Jesús caminó con ellos, y luego le dijo a la multitud que escuchaba, «Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él» (v. 11).
El tributo de Jesús captó la esencia del Juan que habitaba en el desierto y que predicaba de manera directa y franca, y a quien se le difamó y malinterpretó cuando preparó el camino para el Hijo de Dios. La grandeza de Juan fue más que personal: estaba absorta en el reino de Dios. Él escribió su propio elogio con sus acciones.
Al reflexionar en lo que podríamos decir acerca de otras personas después de su fallecimiento, también es bueno preguntar: «¿Qué dirán las personas acerca de mí cuando me llegue el momento de decir adiós?»
un legado perdurable cuando nos hayamos ido.




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