8.1.08

¡Mantente lejos de ello!


No . . . compartas así la responsabilidad por los pecados de otros. -Santiago 2

A un cristiano en nuestra comunidad le dieron un ascenso que incrementó mucho sus ingresos. Sus compañeros vendedores le instaron a potenciar su estilo de vida de acuerdo a su nuevo status por medio de grandes compras con tarjeta de crédito. Hacía todo lo que los otros le decían -vacaciones familiares en un centro de esquí, cruceros, muebles nuevos y costosas salidas para hacer compras.

Luego las ventas bajaron y él se atrasó en sus pagos. La presión puso a su matrimonio bajo tremenda tensión. Sus amigos le sugirieron que hiciera lo mismo que ellos: ampliar sus costosas cuentas y entregar informes de ventas inflados. Lo hizo, pero la ansiedad y la culpa lo consumían.

Un sabio amigo cristiano observó la tensión bajo la que el hombre se encontraba y oró por él. Luego le aconsejó que enfrentara la realidad de su situación. El angustiado creyente finalmente clamó a Dios con vergüenza y arrepentimiento.
Confesó su pecado, arregló las cosas con su compañía y habló de ello con su esposa. Finalmente, la paz regresó a su vida.

Las instrucciones de Pablo a los ancianos en el pasaje de hoy se aplican a todos los creyentes en Jesucristo. Cuando el orgullo y la codicia impulsan a tantas culturas en el mundo, el mandamiento del apóstol de no «compartir así la responsabilidad por los pecados de otros» (v. 22) es muy acertado.

¡Cuando te sientas atraído a unirte a los demás para actuar mal, mantente alejado de ello!

NADIE QUE SIGUE A CRISTO
SE ALEJARA JAMAS DE DIOS

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