El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en Él confía mi corazón, y soy socorrido. -Salmos 28:7
Al inicio de mi carrera como editora de publicaciones religiosas, se me dio la responsabilidad de una línea de libros referidos a «autoayuda». El rótulo me preocupó porque parecía contrario a todo lo que era cristiano.
La idea de autoayuda es popular porque apoya la noción de que tenemos el control. En palabras del poema «Invicto»: «Soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma». ¡Pero no lo somos! Finalmente algo sucede que nos recuerda cómo es la vida cuando perdemos el control y ningún libro de autoayuda puede ayudarnos a arreglarlo.
Gracias a Dios, los cristianos no creen en la autoayuda. ¡Todo lo contrario! Para llegar a ser un cristiano es necesario que admitamos nuestra impotencia y reconozcamos nuestra total dependencia de Dios. «Separados de mí nada podéis hacer», dijo Jesús (Juan 15:5).
Los antiguos israelitas siempre estaban metiéndose en problemas por confiar en la fuerza humana en vez de apoyarse en Dios (Jer. 17:5). Pero incluso después de sus fracasos, el Señor dijo: «Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR, cuya confianza es el SEÑOR» (v. 7).
Cuando circunstancias especialmente difíciles o tentaciones muy fuertes invaden nuestras vidas y nos recuerdan nuestra impotencia, tenemos a un Dios todopoderoso que obra a favor de aquellos que confían en Él.
LO QUE SEA QUE NO COMIENCE CON DIOS
TERMINARA EN FRACASO




No hay comentarios.:
Publicar un comentario