Porque mis ojos miran hacia Ti, oh Dios, Señor; en Ti me refugio, no me desampares. -Salmos 141:8
Comencé a usar anteojos cuando tenía diez años. Siguen siendo una necesidad porque mis ojos de cincuenta y tantos años están perdiendo su batalla contra el tiempo. Cuando era más joven, pensaba que los anteojos eran una molestia -en especial al hacer deportes. Una vez, los cristales de mis anteojos se quebraron mientras estaba jugando a la pelota. Tardé varias semanas en cambiarlos. Mientras tanto, lo veía todo torcido y distorsionado.
En la vida, el dolor a menudo funciona como los cristales quebrados. Crea dentro de nosotros un conflicto entre lo que experimentamos y lo que creemos. El dolor puede darnos una perspectiva muy distorsionada de la vida -y de Dios. En esos momentos, necesitamos que nuestro Dios nos provea de nuevos cristales que nos ayuden a ver otra vez con claridad.
Esa claridad de visión generalmente comienza cuando volvemos nuestros ojos al Señor. El salmista nos alentó a hacerlo: «Porque mis ojos miran hacia Ti, oh DIOS, Señor; en Ti me refugio, no me desampares» (141:8). Ver a Dios con claridad nos puede ayudar a observar las experiencias de la vida también con mayor claridad.
Al volver nuestros ojos al Señor en momentos de dolor y de lucha, experimentaremos diariamente su consuelo y esperanza en nuestras vidas. Él nos ayudará a verlo todo de nuevo con claridad.
ENFOCAR A CRISTO LE DA PERSPECTIVA A TODO




No hay comentarios.:
Publicar un comentario