14.9.07

Manejo de la ira


Lectura: Daniel 3:8-25


Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde . . . considerad al otro como más importante que a sí mismo. -Filipenses 2:3

Orlando, Florida, es el hogar de varios grandes parques temáticos que atraen a miles de familias que pasan sus vacaciones cada año. Pero el año pasado, una revista sobre temas de salud catalogó a Orlando como «la ciudad más iracunda de los Estados Unidos». Basaba ese título en cosas tales como violentos asaltos, furia en las carreteras y el porcentaje de hombres con elevada presión arterial.

El rey Nabucodonosor, «enojado y furioso», ordenó que Sadrac, Mesac y Abed Nego fueran llevados delante de él porque se negaban a adorar a la imagen de oro que éste había edificado (Dan. 3:13). Cuando no se salió con la suya, «se llenó de furor, y demudó su semblante » contra los tres hombres ( v.19).

Todos luchamos con la ira. Pero la ira no siempre está equivocada. «Airaos, pero no pequéis» (Ef. 4:26). Debemos tener ira cuando vemos injusticia en nuestro mundo. Pero con mayor frecuencia, nuestra ira, como la de Nabucodonosor, proviene de un lugar mucho menos noble -nuestros propios intereses personales y nuestro orgullo. Si nuestro temperamento nos gana, podemos perder el control de lo que decimos y hacemos. Pablo nos desafió: «Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo» (Fil. 2:3).

Cuando comenzamos a poner a los demás primero, puede que nos demos cuenta de que hemos dado el primer paso hacia el control de nuestra ira. -CHK


CUANDO A ALGUNA PERSONA LE GANA SU TEMPERAMENTO
A MENUDO LO PIERDE TODO

No hay comentarios.: