
Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces. -Santiago 1:17
En una boda a la que asistí, el abuelo de la novia citó de memoria una conmovedora selección de las Escrituras acerca de la relación entre esposo y esposa. Después, un amigo de la pareja leyó el «Soneto 116» de William Shakespeare. El ministro que condujo la ceremonia usó una frase de dicho soneto para ilustrar el tipo de amor que debe caracterizar a un matrimonio cristiano: «El amor no es amor que se altera cuando encuentra alteración». El poeta está diciendo que el verdadero amor no cambia con las circunstancias.
El ministro hizo notar los muchos cambios que esta pareja experimentaría durante su vida juntos, incluyendo la salud y los inevitables efectos de la edad. Luego les desafió a cultivar el verdadero amor bíblico que ni flaquea ni falla a pesar de las alteraciones que seguramente se cruzarían en su camino.
Al presenciar el gozo y la emoción de esta joven pareja, un versículo me vino a la mente proveniente del libro de Santiago: «Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación» (1:17). Dios nunca cambia, así como tampoco cambia Su amor por nosotros.
Somos receptores de un perfecto amor que viene de nuestro Padre Celestial, quien nos ha amado «con amor eterno» (Jer. 31:3).
Somos llamados a aceptar Su amor a toda prueba, a permitir que éste le dé forma a nuestras vidas, y a extenderlo a los demás.
EL AMOR DE DIOS SIGUE EN PIE
CUANDO TODO LO DEMAS HA CAIDO.




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