Lectura: Juan 9:1-25
Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras, sin embargo, ahora Él os ha reconciliado. Colosenses 1:21.
Para aquellos de nosotros que no tienen el don espiritual del evangelismo, la palabra testimonio puede traer a la memoria algunos recuerdos desagradables o angustias paralizantes. De hecho, algunas veces me he sentido como un total fracaso cuando trataba de seguir métodos que estaban diseñados para hacer el testimonio más fácil.
Jim Henderson, autor de Evangelism Without Additives: What if Sharing Your Faith Meant Just Being Yourself (Evangelismo sin aditivos: qué sería si compartir tu fe significara tan sólo ser tú mismo), ha hecho que el tema sea menos amenazante para mí al sugerir otra manera de pensar acerca de ello. En vez de usar las palabras o la historia de otra persona, él sugiere, «simplemente sé tú mismo».
En los tribunales, no se permite el testimonio de segunda mano porque cualquier otra cosa fuera de un relato de primera mano no es algo confiable. Lo mismo es cierto espiritualmente hablando.
La historia auténtica de la obra que Cristo ha hecho en nuestras vidas es el mejor testimonio que tenemos. No necesitamos arreglarla o dramatizarla. Cuando decimos la verdad acerca del poder de Cristo para salvarnos e impedir que pequemos, nuestro testimonio será creíble.
Si la idea de tomar clases o memorizar planes te ha impedido dar testimonio, intenta un nuevo enfoque: ¡sé tú mismo! Como el ciego a quien Jesús sanó, simplemente di: «yo era ciego y ahora veo» (Juan 9:25). JAL.
SI QUIERES QUE OTROS SEPAN LO QUE CRISTO PUEDE HACER POR ELLOS,
DILES LO QUE ÉL HA HECHO POR TI.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario